fbpx
 
Retrobarte -pintura-de-paula-nicho-cumez

La Tejedora de Vidas

Hace algún tiempo descubrí el libro “La Tejedora de Vidas, cuentos para sanar el alma femenina” de Elena García Quevedo

¡Disfruté tanto con su lectura! Lo considero a día de hoy una de mis lecturas favoritas.

Elena utiliza un lenguaje tan sutil, poético e inspirador que me llevó a conectar con lo más profundo de mí, con mi esencia, con mi alma… Es la misma sensación que cuando dedico mi tiempo a meditar.

Supe que no podía quedarme para mí tanta riqueza y sentí que era importante que llegara a más mujeres, así que lo recomendé en en mi entorno más cercano y, con el tiempo, decidí incorporar sus lecturas en las clases de Chandra Yoga: Yoga para la Mujer. Lo disfrutan tanto durante el momentito de la relajación… pues es en ese preciso momento cuando tu cuerpo, tu mente y tu corazón se abren al mundo con tal intensidad que tu Alma necesita nutrirse de bellas y hermosas lecturas para desplegar todas tus cualidades y dones.

Cuento con el permiso de Elena García para compartir contigo un fragmento de su libro: “Gracias Miriam por expandir la tejedora”. Sólo ya leyendo el Capítulo I tomas consciencia de la potencia y belleza de sus palabras. Así que te invito para que busques un momentito en tu día y disfrutes relajadamente de esta lectura.

Y dice así…

Hay una tejedora que habita en el alma de toda mujer para enseñarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida. La tejedora del alma enseña a deshacer las zonas muertas y hacer alquimia con ellas transformándolas en abono para seguir adelante…

Los cuentos que narran la historia de las mujeres tejedoras del alma nacieron para recordar a toda mujer su enorme capacidad de restaurarse a si misma, y su poder para construir el paraíso incluso en tierra baldía.

“Hace mucho tiempo en un país lejano ella era la única nieta que su abuela sabia educó para que puntada a puntada y palabra a palabra descubriera los hilos ancentrales que tejen la memoria e hilan la vida; para que susurrara las verdades al alma de las mujeres despistadas y sus palabras devolvieran las fuerzas y ganas de vivir. Al crecer la niña debía enseñar a todas las demás mujeres de su tribu para mantener vivo el alma de su pueblo y el espíritu del río. La llamaron Ronin Wano…”

“Durante muchos años la abuela envió a su nieta a lo más profundo del río para que aprendiera el idioma del agua y escuchara la historia de sus propias abuelas, a lo más alto de los más altos cedros para aprender los secretos que las hembras pájaros contaban a sus hijos y a los más difíles riscos para perder el miedo a morir y a vivir. Cada noche de luna llena la abuela y la nieta se acercaban a las casa de la mujeres hastiadas para recordarles la fuerza de la flexibilidad y la fe en la vida. Pero cuando aquella niña creció todo cambió. Los árboles milenarios se talaban y se vendían para hacer parqué. Fue entonces cuando las hijas de sus hijas, que habían crecido contemplando un televisor, rechazaron su herencia y olvidaron el sencillo ejercicio de ser. Cuando RoninWano se convirtió en abuela su gente ya no se sentía unida a los árboles, ni al agua, ni a la luna; ni al vientre con sus ciclos. Fue entonces cuando la anciana supo que sus cuentos debían llegar a las mujeres de más allá del gran río que jamás habían aprendido a crear el tapiz de sus propias vidas y ahora debían tejer el gran tapiz de todos.”

“La tejedora de vidas, Cuentos para sanar el alma femenina”, de Elena García Quevedo

Foto: Pintura de Paula Nicho Cumez

 

Feliz lectura!

Om Shanti!

Miriam Piñero
miriam@retrobarte.com